¿Qué ocurrirá con las “terrazas COVID”?

Miércoles, 10 de Noviembre de 2021

El coronavirus ha cambiado nuestras vidas y, de un modo especial, nuestra forma de relacionarnos. En medio de una desescalada que se empieza a prolongar de manera indefinida, el futuro de la hostelería es una de las grandes incógnitas a nivel municipal, especialmente el de las terrazas COVID, que han facilitado las reuniones al aire libre y a la vez han salvado a muchos hosteleros del cierre de sus negocios.

Sin embargo, las terrazas COVID no están exentas de polémica, ya que no todo el mundo ha salido ganando con ellas: los vecinos se quejan de los ruidos y de la ocupación del espacio público. Los hosteleros aplauden el aumento del número de mesas y la posibilidad de recibir a más clientes. Entretanto, ayuntamientos y juntas de distrito valoran cuál es la posición más conveniente.

¿Cómo surgen las terrazas COVID y qué han supuesto para la hostelería?

Desde marzo de 2020, todos hemos aprendido mucho sobre epidemiología y, sobre todo, de la forma en que se transmite el coronavirus. Atrás quedaron los días en los que desinfectábamos nuestra compra con lejía después de ir al supermercado sin mascarilla. Ahora ya sabemos que el coronavirus se transmite por el aire, que si ventilamos los espacios cerrados se reduce la transmisión y que es seguro estar al aire libre sin mascarilla, siempre que respetemos la distancia de seguridad. 

Desde que terminó el confinamiento, la desescalada comenzó con la posibilidad de llevarnos a casa la comida de los restaurantes y pronto los ayuntamientos empezaron a conceder licencias para terrazas, lo que supuso la salvación para millones de hosteleros que veían peligrar sus negocios si nadie podía entrar en sus locales.

Las nuevas licencias permitieron que muchos bares y restaurantes puedan seguir facturando y no tuvieran que cerrar, lo que habría significado un desastre para la economía. No obstante, la hostelería ha sido uno de los sectores económicos que más han sufrido desde marzo de 2020 y, aún tocados por la crisis que ha supuesto la pandemia, su futuro se discute en plenos municipales y entre manifestaciones y quejas en contra del mantenimiento de las nuevas terrazas.

Las terrazas COVID han sido una medida de choque que ha permitido que las restricciones en los aforos de los restaurantes y bares sean asequibles para sus dueños y por otro lado han restado plazas de aparcamiento en ciudades como Madrid y Barcelona, donde el espacio público es un bien muy preciado y encontrar un hueco para aparcar suele ser cuestión de suerte. Si a esto añadimos los ruidos que se producen por la noche, la polémica está servida y, en este momento, su futuro está sembrado de incertidumbre.

¿Cuál es el posible futuro cercano de las terrazas COVID?

El fin de las restricciones nos hace acercarnos a la normalidad, pero se acerca el invierno y la posibilidad de una sexta ola nos acecha. Ante esta situación, el fin de las terrazas COVID, planteado para el 31 de diciembre de este año, sigue siendo una incógnita que previsiblemente solo el tiempo podrá despejar.

El frío hará que los clientes de bares y restaurantes quieran retornar a los interiores, pero la amenaza de un repunte de contagios y las normativas sanitarias obligan a estudiar en profundidad la situación. A favor de las terrazas está el mantenimiento de muchos negocios de restauración con la tranquilidad sanitaria que nos da el tomar algo con nuestras viejas amistades y, en contra, la disminución de espacio para quienes prefieren pasear por su ciudad o disfrutar de la calle sin tener que estar en un bar, recuperar la tranquilidad en sus barrios o contar con el número de plazas de aparcamiento previo a la pandemia. 

En cuanto a la disminución de plazas de aparcamiento, cabría decir que una reducción del número de coches en los centros urbanos sería una buena noticia para el medio ambiente y para los pulmones de quienes viven y transitan por las grandes ciudades.

Posible futuro en Madrid

En Madrid se han instalado más de 3.000 terrazas COVID desde junio de 2020 gracias a las medidas municipales de apoyo a la hostelería y, si bien desde el 4 de octubre las restricciones en interiores se han eliminado, los espacios en el exterior se mantienen. Según Begoña Villacís, vicealcaldesa de Madrid, es probable que sigan funcionando dos o tres años más. Está previsto que las ordenanzas estén tramitadas antes de que termine este año, para poder dar certeza y seguridad jurídica a los hosteleros.

Los ciudadanos parecen preferir consumir en el exterior de los locales, sobre todo en el centro de las ciudades y en determinadas zonas, pero esto choca con los vecinos, que han visto perjudicado su descanso por los ruidos que provocan las terrazas por la noches.

El debate se centra en torno a los intereses contrapuestos de vecinos y hosteleros. Unos reclaman recuperar el espacio público y otros buscan mantener los beneficios conseguidos con el aumento de mesas y sillas en sus negocios. La tensión en algunos barrios es evidente y su eliminación deberá ser la base sobre la que se construyan las nuevas normativas de terrazas y cenadores.

Posible futuro en Barcelona 

En Barcelona, donde se han concedido más de 3.500 nuevas licencias, el debate es similar, intentando conciliar las premisas de apoyo a la restauración y mantenimiento de un espacio público vivo y accesible, sin olvidar el cumplimiento de las medidas sanitarias. Aquí, las licencias excepcionales caducan el 31 de diciembre, al igual que en Madrid, pero se prevé que se renueven automáticamente el 1 de enero, siempre que el Ayuntamiento acredite su viabilidad. 

En la Ciudad Condal se da importancia a la estética de las ampliaciones, que se regulará a partir de junio de 2022, ya que en muchos casos la provisionalidad de las ampliaciones ha obligado a instalar vallas de hormigón y otros elementos que no hacen ningún favor al paisaje urbano. Quienes mantengan sus mesas al exterior tendrán que elegir entre siete modelos homologados por el Ayuntamiento, lo que exige modificar la ordenanza de terrazas del Consistorio. De momento, estas ampliaciones tendrán que permitir el paso de los servicios públicos y despejar los carriles bici.